No existen atajos. Las consecuencias de desear hacer el mejor de los trabajos, no consiste en sólo aprender correctamente las diferentes técnicas de pintura, todo hay que practicarlo, hay que estudiarlo y seguir aprendiendo de la historia del arte, pero por encima de todo, comprender en qué etapa del desarrollo se encuentra uno, porque el camino no tiene fin.

El viaje comienza fuera, pero hasta que comprendes que también es hacia adentro, comienzas a evolucionar. Es perderse en la espesura del interior que realmente abre las compuertas de otras dimensiones desconocidas para ti. Sólo experimentarlas abre poco a poco el camino a la autenticidad, que es la única verdad del que quiere expresarse con las manos, más allá de la inteligencia y el conocimiento.

Es encontrarte fluyendo sin que tengas todo bajo control o casi ninguno, porque la práctica ya hace que todo se realice naturalmente. Es indagar, experimentar y seguir buscando.

Cada vez que algo gira atrayendo toda tu energía para realizar algo sabes que el camino, es el correcto. Ya no puedes detenerte porque en silencio deseas poner manos a la obra. La paciencia y la prudencia, caminan de la mano, pero el interior dicta sin que podamos detener su pulso inquieto.

No todo lo que se hace, es una gran obra. Pero los ejercicios van consolidando la intención de construir una identidad propia, auténtica, libre.